PRIMERA PARTE
SEGUNDA PARTE
TERCERA PARTE
CUARTA PARTE
QUINTA PARTE
SEXTA PARTE
Hoy se cumplen 50 años de vida de uno de los documentos políticos más
importantes en la historia del movimiento revolucionario latinoamericano
y caribeño: la Segunda Declaración de La Habana.
Sus palabras tuvieron -y aún tienen- un valor profético de alcance sólo
comparable a las volcadas por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista.
Pero no sólo profético: también como palabras que despertaron la
conciencia de nuestros pueblos e inspiraron, en lo concreto e inmediato,
el comienzo de grandes luchas por la justicia, la dignidad, la
democracia; palabras que movilizaron masas y que, de una forma u otra,
por los más diversos (y a veces impensables) caminos cambiaron la
fisonomía de Nuestra América. Si hoy esta región no es la misma que hace
medio siglo atrás; si aquí se ha derrotado al ALCA, si hay gobiernos y
pueblos que resisten y luchan contra el imperialismo, si el centro de
gravedad de la política latinoamericana se ha corrido hacia la izquierda
todo eso se lo debemos, en una medida mucho mayor de lo que
habitualmente se reconoce, a ese grito lanzado por Fidel desde La
Habana, plantando una semilla que germinaría en mil flores. Un texto de
enorme valor histórico y de también rigurosa actualidad que las nuevas
generaciones de luchadores anti-imperialistas y anticapitalistas deben
leer, estudiar y, lo más importante, llevarlo a la práctica. Las líneas
que siguen a continuación pretenden ser una breve guía, y a la vez una
enfática invitación, para recorrer las venerables páginas de ese
documento.
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